Somos un pequeño grupo de cristianos que creen en la Biblia y nos movemos a proclamar de nuevo el mensaje del Nuevo Testamento de la justificación por la fe. Nuestro evangelio es que Jesucristo -- por encarnación, obediencia perfecta y muerte vicaria -- ha logrado la redención de la humanidad y que esta redención es contada nuestra individualmente por fe solamente.
      No somos una iglesia ni somos afiliados con ninguna otra organización religiosa. Somos sólo una voz que intenta señalar a la gente la justicia de Cristo, cómo se aplica la justicia a uno, y el ministerio presente de Cristo en el cielo. En esta capacidad publicamos literatura cristiana en una variedad de idiomas y a veces damos seminarios sobre estos mismos temas.
      En 1970, el Papa estaba planeando una visita a Australia y el erudito laico Roberto Brinsmead (RDB) quería escribir un tratado para su distribución en el evento. Él pensó que los católicos creían en la salvación por las obras y que la Biblia enseñaba la salvación por la fe. Cuando hizo su investigación, descubrió que la Iglesia Católica Romana enseñaba cosas sobre la salvación que parecían muy evangélicas. De esa investigación nació la revista Present Truth (PT) y como resultado el Pregonero de Justicia (PdJ). Desde su primera edición en 1972 hasta su tercer número en 1978, RDB fue su editor.
      Ricardo Marín trabajó como director de circulación y negocios de PT en aquellos primeros años y comenzó la publicación de PdJ en un formato más pequeño. Cuando los fondos y el tiempo están disponibles, él continúa como su editor hasta el presente.
      Pregonero de Justicia se incorpora bajo el nombre legal de Life Research International, que opera como una corporación 501c3, sin fines de lucro en el estado de California, EE.UU.

Nuestra misión
      Proclamar la verdad de que las justas demandas de Dios han sido cumplidas en nombre de la humanidad por Jesucristo y que su cumplimiento es considerado nuestro por la fe sola.

Nuestra Declaración de Fe
      Creemos que hombres santos fueron inspirados por Dios para escribir la Biblia que es necesaria, autoritaria, suficiente y esencialmente clara para enseñarnos cómo ser salvo y cómo vivir vidas agradables a Dios. Como nuestra única regla de fe y práctica, es su propio intérprete, dejándonos con la responsabilidad de comprender y obedecerla con oración (Jeremías 10:23; 2 Pedro 1:19-21; 2 Tim. 3:15-17; Daniel 9:13)
      Sólo hay un Dios, creador del cielo y de la tierra; que es eterno, todo sabio, todo lo ve, todo poderoso, todo amoroso, y totalmente santo; que siempre ha existido en tres personas iguales que comparten un propósito, actitud y carácter. La Sagrada Escritura se refiere a ellos como el Padre todopoderoso, el Hijo salvador y el Espíritu Santo santificador (Isaías 40:25-31; 57:15; Mateo 3:13-17).
      La humanidad (hombre y mujer) fue creada pura y santa, como almas vivientes compuestas de cuerpo y espíritu. A través de un acto de libre albedrío Adán, el representante de la raza, llevó a la humanidad a caer del favor de Dios, trayendo culpabilidad, corrupción y debilidad a toda la raza; y si no se redime está destinada a la muerte eterna (Juan 3:36; Génesis 1:26-28; 1 Corintios 15:30).
      Dios, el Hijo eterno, tomó nuestra humanidad sobre sí mismo a través del nacimiento virginal y como Jesús, el Cristo, cumplió todos los requisitos de Dios para reconciliar la raza con él mismo. Esto lo hizo al ser crucificado, muerto y enterrado. Y por la resurrección el tercer día Dios cumplió en él todas sus promesas dadas a la humanidad. Jesús ahora intercede en el cielo para aquellos que lo reciben por fe y pronto aparecerá en poder y gran gloria para recibir los suyos a sí mismo (Mateo 1:18-23; 1 Corintios 15:1-4; 2 Corintios 5:14-21; Hebreos 7:25; 9:27-28).
      La salvación para la humanidad perdida viene a través de la aceptación divina que recibimos por la fe sola y se manifiesta en una vida de obediencia a todos los mandamientos de Dios. La perfecta conformidad con la ley de Dios es la base de nuestra salvación. Esta conformidad fue cumplida por Jesucristo en la tierra en el Primer Siglo y esta buena noticia es ofrecida a todos en el evangelio. Aquellos que aceptan el evangelio se convierten en hijos de Dios y unen sus esfuerzos con los del Espíritu de Dios al ser transformados progresivamente en la imagen de Cristo hasta la glorificación en el último día (Efesios 2:8-10; Mateo 5:48; Romanos 2:13; 8:9-27).
      Dios tiene una iglesia en la tierra que es el cuerpo espiritual de Cristo. Está compuesta de verdaderos creyentes e hipócritas. Es el objeto supremo de su consideración y debe convertirse en su esposa en el juicio final previo al advenimiento. Está organizado para proclamar la ley y el evangelio, bautizar a creyentes, ordenar ancianos y diáconos, y servir a sus miembros en la santa comunión y en el ministerio de caridad (Efesios 5:21-27; 2 Corintios 11:2; Apocalipsis 19:6-16)
      Estamos viviendo en los últimos días y la crisis final será sobre la cuestión de la adoración. Justamente antes de la segunda venida de Cristo en gloria, el pueblo de Dios da un triple mensaje: 1) llamando a todos a adorar a Dios el Creador que en seis días literales hizo esta tierra, 2) advirtiendo contra una religión que incluye la transformación humana como parte de la base o del medio por el cual Dios nos acepta, y 3) señalando a Cristo intercediendo en el cielo como el objeto de la verdadera adoración y nuestra única esperanza en el juicio final, porque ni la iglesia en la tierra ni cualquier parte de ella es nuestra esperanza ni nuestro objeto de adoración. En este tiempo el pueblo de Dios se caracteriza por el respeto a los Diez Mandamientos y la confianza completa en Jesús (Malaquías 4; Apocalipsis 13; 14; y 22:6-21).

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